Poesía como bombas de retardo - Entrevista a Héctor Urruspuru

Una tarde de septiembre de 2015 Héctor me invitó a Maldita Ginebra Radio a leer unos poemas, y más tarde nos íbamos al Abasto, donde coordina el ciclo de poesía Maldita Ginebra desde hace muchísimos años. También allí estuve invitado a participar, como ya había hecho otras veces.
Pero esta vez era particular, porque antes de dirigirnos al local del Papacho, Héctor y yo nos sentamos en una parrilla por ahí a la vuelta y pedimos cerveza y empanadas. Nos quedamos en unos bancos sobre la vereda, frente a una barra que daba al interior. Nos miramos de frente y él se quedó esperando que empezara con las preguntas. Se echó hacia atrás sonriendo.


Despejemos el terreno: ¿Cuánto hay de vos en el ciclo, y cuánto hay en el ciclo de lo que sos vos? ¿Cómo nutre la poesía al ciclo, y cómo el ciclo nutre a tu poesía?
En verdad siempre sentí la diferencia entre lo que soy yo en el ciclo y lo que soy yo fuera del ciclo como poeta. Para mi verdaderamente es en el afuera de MG donde yo hago la poesía, donde yo soy poeta. Ahí me encuentro con mis escritos, los puedo trabajar tranquilo. Afuera es otra historia. En el ciclo simplemente soy una suerte de maestro de ceremonias, un anfitrión, alguien que trata que los que vengan se sientan bien, que den lo mejor de sí.
Últimamente estoy rodeado de una banda de amigos muy buenos, todos muy capaces, que de alguna manera me sacan bastante el peso de encima, y que tenía antes cuando lo hacía solo; incluso ahora tomó más dinámica, más vuelo, porque cada uno de ellos le aporta bastante al ciclo. Entonces yo ahí en el ciclo simplemente soy un anfitrión, una persona que recibe gente, que lee sus cosas, que presenta lo suyo como cualquier poeta más, en realidad, y después trato de leer a otros poetas; no hay nada de misterioso. Pero el poeta Héctor Urruspuru yo siempre lo consideré fuera de Maldita, o sea,  si yo terminara con Maldita no terminaría el Héctor “poeta”, ¿no?

Sin embargo el ciclo tiene una cierta mística que se confunde en cierto sentido con la tuya, una mística más bien donde abunda lo oscuro. ¿Por qué?
Bueno, hoy decíamos que uno encuentra el terreno donde se siente cómodo para escribir. Primero elige el vehículo. Esto puede llegar a ser, ponele, si se dedica a la literatura, ser novelista, cuentista, puede ser poeta, a grandes rasgos. Entonces uno se siente cómodo con cualquiera de esas maneras de decir. Yo me encontré cómodo en la manera de decir poética. Una vez que me metí en esa manera, ya está, fui primero sintiendo las influencias de aquellos que me formaron de alguna manera, con lo que uno cree que está bueno, y a su vez tratando de tomar distancia, porque ser una copia de ellos no estaría nada bueno. Yo siempre digo que la mejor influencia es aquella que no se nota en tu escrito. Cuando lográs la propia voz poética, tu propia voz, que cuesta encontrar. Yo no sé si la encontré, pero por lo menos creo que ahora tengo una propia voz y trabajo sobre eso.
Entonces al haber encontrado primero el vehículo (la poesía) después uno busca una suerte de patria donde hacerse. La patria puede ser el día, la noche. Pueden ser ambos. A veces a algunos simplemente se les nota mucho la luz en algunos trabajos, y te das cuenta que tal vez todos esos trabajos fueron escritos a la luz del día, no sé; tal vez estoy diciendo una barrabasada. Pero generalmente el poeta escribe sobre la noche. La noche generalmente es el territorio del poeta, donde el poeta es un bohemio, al poeta le gusta la luna, le gusta la oscuridad; la noche llama al recogimiento, al pensamiento. Ha sido siempre así para todos, no solamente para los poetas. Yo me sentí cómodo también en la noche, entonces de por sí la poesía ya tenía el color de la noche. La luna, la oscuridad, y después se tornó oscura porque puse un poco la visión en el lado de la tragedia, no tanto en la alegría, porque hay poetas que son más alegres, se leen como más esperanzados; yo me puse en la tragedia y escribí sobre eso.

¿Cómo fue que te encontraste con la poesía? ¿Cómo fue el camino? ¿Empezaste escribiendo cuentos, algo así?
Si, viste, unos cuentitos tarados cuando era chico, y malos, y de pronto un día me encuentro con un poeta que me gusta mucho, lo empiezo a leer, me maravilla su manera, me extraña encontrarme por primera vez con un poema, noté que era algo raro, chiquito, y tal vez uno piensa en primeras instancias, es corto, es fácil…

¿Recordás algún poeta en particular de ese primer encuentro?
Y varios… En realidad te vas encontrando. Con Borges, con Georg Trakl, del impresionismo, qué sé yo. Me encontré, por ejemplo, con la poesía del surrealismo a través de Spinetta. En aquella época escuchaba a Spinetta y me encontré con los poetas surrealistas, encontré una manera loca de decir en ellos, aparentemente loca, tal vez. Y luego fui leyendo a otros, y leyendo letristas, sonetistas, y otros istas, y entonces ya me empecé a meter en tema.
Al principio la poesía es más llamativamente atractiva para el que empieza, porque no parece que uno pudiera escribir tanto, entonces uno se siente como que puede; un cuento a lo mejor le queda grande; una novela, ni hablar. Pero un poema, capaz que todos pueden escribir un poema. Después con el tiempo te vas dando cuenta que no es fácil, que no es una boludez. Se usan muchas, muchas cosas, en algo tan corto; qué sé yo, la síntesis sobre todo, la contraposición de colores, los efectos, finales abiertos o cerrados, mantener la tensión desde el comienzo hasta el final, contar una historia, o fingir una historia, todo en poco tiempo, en poco espacio, para dejar como una bomba de retardo; la poesía muchas veces es eso, algo que continua después, que se termina de armar después de la lectura.

Pareciera que hay muchísimos más poetas que cuentistas. ¿Creés que tiene que ver con esta impresión de que es más fácil?
Y me parece que sí. Yo creo que alguno lo toma muy con puntillas y dice “yo puedo animarme a diez líneas, a escribir diez versos y decir algo”. Pero después, ya te digo, cuando empiezan a darse cuenta, ven que empiezan a competir con otros monstruos en brevedad, en síntesis, cosas mínimas... Algunos seguirán así y otros buscarán tratar de emular a esos monstruos, les picará la idea de la competitividad, la sana competitividad, de buscar ser como ellos o mejor.

¿Qué impresión te da toda esta gente que está escribiendo, yendo a leer a ciclos, recitando? Vos tenés un ciclo que viene de hace mucho de tiempo. Ahora hay montón de ciclos nuevos…
Yo soy muy mal crítico: soy horrendo como crítico. No me doy cuenta. Si a lo que apunta tu pregunta es cómo te das cuenta que algunas cosas son malas o buenas, si son importantes. Si, se notan diferencias de poetas, de escritores respecto a otros. También cuando te metés dentro de este mundillo te das cuenta que hay como ciertos “grupos de poder”, están metidos en lugares estratégicos de la difusión de la literatura, como ser suplementos de diarios, gente que domina eso, tal vez es una cuestión de amistad, nada más, y siempre te llega un poeta que empieza a ser promocionado por estos grupos de poder y no siempre es bueno, o si, a lo mejor sí, pero puede que no; puede ser.
Para encontrar una voz importante yo creo que hay que tomar mucha distancia, mucho tiempo para darse cuenta cuáles fueron las voces de este tiempo. Porque la buena poesía es la que resiste el paso del tiempo. Ahora en el berenjenal, en el quilombo, todos pueden parecer importantes, pero no todos somos buenos críticos. Muchos nos dejamos llevar a lo mejor porque vemos a alguno muy promocionado por estos grupos de poder que se aplauden entre ellos a veces y se festejan entre ellos y de repente no, no es bueno el tipo. Vuelvo a repetir: puede que sí. Pero para mí hay que esperar al tiempo, un tiempo largo para darte cuenta cuáles voces resistieron.
Hay mucha gente que incluso está en la locura de querer formar un canón, ¿viste? Incluso a veces, no sé si los escuchás, en las universidades, en PUAN, la gente busca eso. Es una locura; eso nace solo. El mundo, el pueblo es el que va a determinar quiénes merecen ser leídos, comprados, difundidos y recordados. Ahora ves voces; algunas mejores que otras, y es muy subjetivo todo, ya te digo.

Y de tu poesía en particular, ¿qué expectativa tenés?
Así como soy mal crítico, soy crítico de mi poesía, también malo, y me doy con un caño. Yo tengo muchas dudas de mi poesía así que, para mí, que algunos me lean y me digan que soy bueno, ya es una fiesta. Sin embargo, hay veces que sé que está bueno, pero son las menos. Qué sé yo, hay momentos en que creo y momentos que no.
La esperanza es que se lea, que a la gente le guste, que llegue, pero no todos llegan ni todos gustan. La poesía es un salto al vacío, y un interrogante inmenso el hecho de preguntarse qué va a pasar con eso después. No hay respuestas.

¿De alguna forma, escribís pensando en quién va a leer?
Mirá, yo no sé si lo he logrado, no sé si lo logro: yo trato de hacer una poesía fácil, simple, casi naif, eso es, que lo entienda cualquiera. A veces me enredo yo mismo y la hago medio rara,  extraña, pero porque a lo mejor me canso de buscar esa simpleza profunda y bella, que la tienen los grandes, que es muy difícil lograr, muy difícil. Me gustaría, si, dominar ese lugar ¿no?, escribir sencillo y hermoso; me gustaría dominar esa parte, y por lo tanto ser leído y entendido por todos.

¿Por qué sostener este espacio que es MG?
El ciclo ya tiene dieciocho años, creo que lo empezamos en el ‘96, ‘97. Surgió con Richie Pantuzzo, medio en broma. Queríamos hacer un ciclo y fue quedando, nada más, nos reíamos, nos divertíamos, era tener un recreo los martes a la noche (que era cuando se hacía en ese momento). Empezamos a llamar gente. Nos manejamos desde el humor, empezamos a desacartonar la cosa. Fuimos de los primeros que empezamos a meter el humor en los ciclos, a reírnos de los poetas, a reírnos de nosotros mismos. Entonces eso a la gente le gustó mucho. Ya había, por supuesto, otros ciclos que intentaban eso, pero desde otro lado, más agresivos, más al frente. Nosotros nos reíamos de nosotros. Y de hecho continuamos riéndonos.
Y después, bueno, se volvió cada vez más caótico, pero siempre tratamos de no olvidar jamás la búsqueda de buenas lecturas, preparar buenos trabajos. Puede haber mucho bardo, pero la gente sabe que ahí se lee buena poesía, que hacemos buena selección de poetas, y eso es muy importante. Porque nos han tildado de todo a nosotros: que somos una banda de animales, peleadores, borrachos, drogadictos, pero nadie nunca va a poder decir, (los que estuvieron adentro, no los que hablan por boca de ganso), que en Maldita no se lee muy buena poesía. Y de hecho creo que todos los poetas de esta última generación han pasado por Maldita, los nombres más importantes han estado en MG, así que por algo somos conocidos.
Si hacés bardo por el bardo en sí, no vas a ser conocido. Tenés que tener algo atrás para ser conocido. Y en eso si, nos cuidamos todos. Toda mi banda de amigos que me acompaña ahora y quien te habla estamos todos cuidando eso, cuidando que la palabra sea importante.
Mis amigos son, los voy a mencionar, Ancelmo Maciel, Daniel Quinteros, Ema Vilches, Brites, Luis Erker Ercolano (en la conducción conmigo), el Papacho Andino en la barra que es el último que nos está aguantando en su casa. Adrián Bet. Por afuera vienen trabajando Juan Cruz Guido excelentemente bien en lo que tiene que ver con la radio, Victor Cabrera, también ayudando desde afuera, Virginia Janza que se unió hace poco y no sé, muchos.

¿Qué pregunta querés que te haga?
Si estoy tan seguro en mi cabeza de que voy a continuar esto hasta el fin de mis días. No con MG, sino con la poesía, más allá de toda vicisitud. No ser conocido, por ejemplo, no haber llegado, haber sido malo. Y respondería sin lugar a dudas que sí. Seguiría siendo poeta hasta el fin de mis días, aún sin ser conocido, aún habiendo sido criticado como mal poeta, me chuparía un huevo, porque yo soy feliz escribiendo poesía.
Siempre me acuerdo una vez, hace muchos años atrás, yo tendría dieciete y recién empezaba a ir a un taller de poesía en La Boca, el Mario Jorge De Lellis, y ese día me habían dado con un caño, prácticamente me habían dicho “si yo tengo que decirte qué es esto, esto lo escribió un bobo”. Para un tipo que está iniciándose eso es mortal. Yo salí de ahí totalmente destruido, empecé a caminar por La Boca (en ese tiempo todavía se podía caminar por ahí) iba ahí por el Riachuelo, destruido, y me acordé de unas palabras de León Felipe, que decía “mi voz es pequeña y sin brillo, pero me sirve muy bien para cantarle a Dios desde estas alturas”.


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