No hay lugar
sobre la tierra
espacio
o sueño
en este mundo
o en cualquier otro
donde contener
tanto silencio.
Dócil cúmulo de estambre,
cirro distante, Aldebarán,
Órbita que lenta desaparece
en fraguas densas de palabras reales,
en la quijada del futuro, que se abre
carnívora
como una flor
junto al estanque.
Muda
permanece la tarde
detrás de los edificios de la otra cuadra.
Una paloma en la vereda me mira.
Su yo,
mi ya.
La piel me arrancó del rostro
el lejano sueño.
Respiré una vez;
eso fue todo.
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